La nueva era de la nutrición inteligente
Los últimos hallazgos sobre la relación entre la alimentación, los genes y las enfermedades. Desde la época del médico griego Hipócrates, la nutrición ha sido muy importante para mantener una buena salud. Con el avance de la ciencia moderna, llegamos a la conclusión de que no sólo ciertos nutrientes son esenciales, sino también las cantidades específicas de cada uno, que tienen la capacidad de interactuar y modular los mecanismos moleculares que regulan el equilibrio físico, lo que contribuye directamente en el camino de desarrollar una enfermedad o no.
La evolución humana está claramente definida por las influencias ambientales (dieta, tabaquismo, educación, actividad física, etc.) junto con la herencia, y ambos factores deben ser considerados cuando el objetivo es mejorar la salud.
Sobre la base de esta relación surgió la nutrigenómica y la nutrigenética, dos campos con distintos enfoques para dilucidar la interacción entre los genes y la dieta, pero con un objetivo común, mejorar la salud mediante la nutrición personalizada.
La nutrigenómica, estudia la influencia de los ingredientes comunes de la dieta en el genoma humano y cómo las moléculas de los nutrientes pueden afectar las vías metabólicas y el control del equilibrio biológico de un individuo.
La nutrigenética, a su vez, tiene como objetivo entender cómo un gen específico puede alterar la respuesta de una persona y una unidad de alimento o predisposición a cierta enfermedad.
En el campo de la oncología, en términos prácticos, se encontró que un componente de los lípidos de la dieta se relaciona con la colonización y el crecimiento de ciertos tumores, y aceites de pescado ricos en ácidos grasos omega-3 podrían prevenir el desarrollo de tumores en relación con la acción de este componente. En cardiología, una variación en los genes de las proteínas que regulan el colesterol se centra en la probabilidad de desarrollar enfermedades cardiovasculares, que se pueden prevenir mediante una dieta rica en vegetales y ácidos grasos omega 3.
La predisposición a la obesidad también se relaciona con varios genes que regulan la insulina, aumentando el metabolismo de los hidratos de carbono y la absorción de grasa. Este tipo de información ayuda al médico a decidir sobre el tipo de prevención o el tratamiento que deben adoptarse contra una determinada enfermedad y en qué medida una dieta personalizada puede ser introducida para ayudar a una mejor calidad de vida del individuo.

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