Las consecuencias de ser un gordito feliz
Un reciente estudio presentado en la última Reunión Científica de la Asociación Americana del Corazón ha revelado que la imagen estereotipada del gordito feliz puede provocar graves consecuencias ya que una incorrecta percepción de nuestro peso ideal puede influir en el desarrollo de la obesidad e inducirnos a favorecer los riesgos cardiovasculares.
El trabajo, dirigido por la cardióloga Tiffany Powell, del Centro Médico de Dallas de la Universidad de Texas Southwestern (EEUU), se incluye dentro de las investigaciones que forman parte del Estudio de Corazón Dallas, una encuesta en la que han participado casi 6.000 personas y que tiene como fin descubrir nuevas causas tratables de las enfermedades cardiovasculares. De las 5.893 personas que formaron parte del estudio 2.056 eran obesas y de entre ellas un 8% declaró estar conforme con su peso o pensar incluso que podrían aumentarlo sin que ello fuese un problema.
Entre los obesos, un 14 % de los negros y un 11% de los hispanos se mostraban satisfechos con su cuerpo y creían no necesitar perder peso, mientras sólo un 2% de los blancos estaba contento con su talla. Quienes no mostraban una correcta percepción de su cuerpo creían que estaban sanos, pero en realidad un 35% de ellos presentaba tensión arterial alta, el 15% tenía el colesterol alto, el 14% sufría diabetes y el 27% era fumador. De entre todos ellos entre un 2% y un 3% consideraba que su peso ideal se situaba por encima de lo normal. La mayor parte de estas personas eran mujeres afro-americanas con un índice de masa corporal demasiado alto, presión arterial elevada y alta resistencia a la insulina.
Además, los médicos revelaron que los obesos que no admitían serlo eran menos propensos a acudir al doctor. Un 44% de ellos no había acudido al médico el año anterior frente al 26% de las personas con sobrepeso que admitían necesitar adelgazar. Entre quienes habían ido al médico el año anterior, los obesos que no creían necesario bajar de talla fueron mucho menos proclives a admitir que su médico les había dicho que tenían que perder peso, ya que sólo un 38% lo reconoció frente al 68% de quienes admitían tener sobrepeso. Por otra parte, sólo un 38% de los obesos reticentes habló con su médico acerca de la posibilidad de introducir posibles cambios en su dieta.
Finalmente, se llegó a la conclusión de que los obesos que estaban satisfechos con su cuerpo no hacían ejercicio mientras que la media de quienes sí reconocían su gordura sí practicaban deporte regularmente.

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